domingo, 7 de septiembre de 2008

Joaquín López

Era un 14 de julio de 2008 cuando en Rosario, un grupo de científicos decide probar por primera vez de manera imprevista su gran invento: “La máquina del tiempo”. La fecha oficial de la prueba era para marzo de 2009.
-¡Estoy cansado de este presente!- Exclamó Benito, uno de los integrantes de este equipo de científicos, y se dirigió presuroso hacia la máquina para viajar al futuro y escapar de este presente catastrófico que estamos viviendo- acotó Jairo, el jefe del grupo.

Decidieron utilizar la ingeniosa pero insegura máquina del tiempo. Era el presente que atravesaba el país con crisis económica y social lo que los obligó a abandonar el presente mencionado.
Acordaron viajar hacia un futuro no muy lejano con el propósito de ver los resultados de esta crisis.
¡Viajemos hacia el 2010¡- gritó Alfonso, el científico más aplicado.
-Buena idea- le dijo Santiago, su primo.

Dos horas después de acordar la fecha del viaje, ya preparados, se metieron en la máquina y programaron la fecha de llegada a destino. Pero la máquina tenía una falla. Una vez dentro de ella, el reloj que medía el tiempo comenzó a correr imprevistamente deteniéndose en el 2050.
Los amigos y científicos bajaron de la traicionera máquina asombrados, ansiosos y con miedo.
Es una maravilla, exclamó, sorprendido Alberto.
-Sí, pero estamos en el futuro de Rosario- aclaró, Alfonso con los ojos llorosos.

No lo podían creer. Rosario que en sus tiempos era una ciudad en crisis y con problemas de todo tipo, estaba preciosa, en todo su esplendor.
Veían una ciudad limpia,. iluminada, con sus habitantes alegres. Y cada uno cumplía su función dentro de la ciudad. Pero al mirar un cartel luminoso y enorme, a pocos metros de donde estaban situados, quedaron perplejos, con a mirada fija, casi emocionados. Decía: “Bienvenidos al gran rosario”, la ciudad, cuna de la felicidad.
Se preguntaron qué fue lo que ocurrió para llegar a tal situación. Le preguntaron al primer ciudadanos que se les cruzó qué había ocurrido para llegar a ese nivel de vida.. El ciudadano respondió orgullosamente y alegre ¿Cómo? No lo supieron. Fueron nuestros científicos rosarinos que encontraron la cura para lograr la felicidad.
¿Pero cuándo-preguntó, Jairo sorprendido.

Un 14 de julio de 2008, queriendo escapar de su presente viajaron en una máquina del tiempo aun futuro lejano. Al regresar a su época hicieron pública la receta de esta cura obtenida en el futuro visitado
¿Y cuál es la receta? – intervino Alfredo.
Toda la vida estuvo a nuestro alcance. Siempre existió en la historia de la humanidad- respondió presuroso y se fue.

Los científicos no entendieron y sin conseguir la receta volvieron a la máquina, lo programaron y entraron en él.
Al estar dentro miraron y sonrieron. Habían entendido cuál era la receta y que todos podían tener acceso a ellas desde siempre.

Así volvieron a su tiempo alegres de haber encontrado la cura de la felicidad y ansiosos por hacerla pública

Joaquín López

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